viernes, 26 de julio de 2013

Bandido

Es injusto que una persona le robe a otra. Cuando es algo material, no duele tanto, pero cuando te roban algo que es bien tuyo como la libertad, como el amor, como el valor, eso te duele hasta en la punta del alma.

A mí me quitaron cosas como esas. Hurtaron mi libertad, me despojaron del amor, me robaron mi valor. Y lo que más me impresiona es que una sola persona lo hizo. Son de ese tipo de personas que andan siempre disfrazadas, que pareciera que son de alma blanca, de corazón puro, pero que te dañan, que están llenos de maldad y oscuridad.

Uno puede llegar a pensar que no se le pueden hurtar esas cosas, pero hay personas que, como con la que me topé, son mucho más fuertes que uno.

De por sí, yo me dejo corromper muchas veces por algo, y cuando te topas con alguien así es tu perdición. Empezó con un robo. Me robó mi valor, me hice temerosa, miedosa, ya había eliminado esos vicios de mi vida y volvieron a aparecer. Esa incertidumbre, esa inquietud incesante, esa intranquilidad nocturna, me comenzaba a convertir en esa persona que odio tanto ser algunas veces. Ya estaba corrompida.

Después de que me corrompí, fui despojada del amor, tanto así que llegué a pensar que ya no creía en el, dejé de pensar que existe, y volví a esos pensamientos tan horribles que llegué a tener alguna vez cuando me quebraron.

Por último, fue hurtada mi libertad. La oscuridad se apoderó de ciertas cosas que estaban conmigo, cosas a las que ahora no me puedo acercar por que han sido tocadas por su negrura y ahora me queman cada vez que yo me aproximo. Ahora me siento encerrada de todo aquello que ya conocía y de todo aquello que pude conocer.

Muchas veces estos ladrones, ésta oscuridad, te deja sin fuerzas, te deja sin ganas de querer continuar, se alimenta de tu luz, de tu resplandor e inhibe el fulgor de tu ser, ese brillo que sale de tu alma y que te impulsa a continuar.

Cuando ten encuentras con este tipo de seres oscuros, no siempre se puede salir de esa negrura en la que te dejan. A veces llegan a consumirte tanto, que el último rayo de luz en tu alma muere y nunca jamás vuelves a ver la luz.

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